Principales afecciones visuales

EDAD ADULTA

Las revisiones oftalmológicas en la edad adulta constituyen un factor clave a la hora de detectar de forma precoz determinadas enfermedades. De este modo se evita que se agraven con el paso de los años y que empeore considerablemente el pronóstico del paciente.

Es recomendable acudir al oftalmólogo periódicamente ya que la realización de un examen completo a tiempo le permitirá determinar el alcance del problema ocular y el tratamiento a seguir con mayores garantías.

ASTIGMATISMO

El astigmatismo es un defecto de la refracción que provoca una visión borrosa y distorsionada, tanto en la visión cercana como en la lejana, y que se manifiesta cuando las imágenes se enfocan en varios puntos de la retina. Por el contrario, en los ojos emétropes (sin graduación), las imágenes se enfocan en un único punto de la retina.

Las personas que padecen astigmatismo se caracterizan por alteraciones en su curvatura corneal, es decir, su córnea presenta una curvatura irregular, en lugar de ser simétrica.

Esta anomalía visual no siempre se presenta de forma aislada, ya que en muchas ocasiones va asociada a la miopía o hipermetropía.

Al igual que la miopía y la hipermetropía, el astigmatismo puede estar determinado genéticamente. También es posible que se presente tras un traumatismo, lesión o enfermedad, o como secuela de una operación ocular.

El astigmatismo es el tercer problema visual más común entre los españoles (por detrás de la miopía y la presbicia o vista cansada), puesto que más de una cuarta parte de la población lo padece.

El principal síntoma del astigmatismo es una visión borrosa y distorsionada de los objetos cercanos y lejanos, así como la dificultad de percibir pequeños detalles a todas las distancias.

Cuando el astigmatismo aparece asociado a la hipermetropía, es habitual que el paciente presente síntomas como fatiga visual, enrojecimiento, picor y escozor de ojos, mareos o dolor de cabeza ocasional, debido al sobreesfuerzo que realiza el ojo para enfocar las imágenes.

Los síntomas que el paciente puede percibir son diferentes según su edad, tipo de astigmatismo o graduación. Sin embargo, en los casos leves es posible no detectar ninguna señal de astigmatismo.

CIRUGÍA REFRACTIVA

AGUJERO MACULAR

Consiste en una microrrotura en la mácula (parte central de la retina), como consecuencia de la tensión generada por el gel vítreo al desprenderse de forma natural de la retina, a la que se encuentra unido. En algunos casos, el vítreo no logra separarse totalmente de la retina y permanece pegado a algunas zonas. Estas zonas de adhesión vítreomacular ejercen una fuerza de tracción sobre la mácula que, con el tiempo, puede desencadenar la formación de un agujero macular.

Existen diferentes tipos de agujeros maculares en función de que afecten total o parcialmente al espesor de la retina.

El agujero macular suele deberse al proceso de envejecimiento, aunque también existen otros factores de riesgo que pueden influir en su aparición, como la miopía (en pacientes miopes puede acabar en un desprendimiento de retina), ciertas lesiones oculares o un proceso inflamatorio ocular de larga duración.

Las consecuencias visuales de esta patología en progresión dependerán del grado en el que se encuentre. Aunque, en un primer momento no presenta síntomas, puede llegar a provocar una importante pérdida de visión.

En una fase inicial, durante la formación del agujero macular, se produce una alteración de la visión que se traduce en una leve visión borrosa o neblinosa. Si el agujero macular evoluciona y se agranda, puede aparecer una mancha oscura en la visión central, cuyo tamaño dependerá del área que ha resultado afectada, así como una distorsión de la imagen.

Es muy importante detectar esta enfermedad de manera precoz, cuando la formación del agujero macular todavía se encuentra en estadios iniciales, para conseguir una mejor recuperación visual. Por esta razón, ante cualquiera de estos síntomas, es preciso consultar con el oftalmólogo de manera inmediata para que realice un estudio en profundidad que permita descartar o confirmar el diagnóstico.

UNIDAD RETINA

BLEFARITIS

Es una inflamación en el borde del párpado (borde palpebral), debida principalmente a que las glándulas situadas en esta zona del ojo producen demasiada grasa. La acumulación de esta grasa favorece la proliferación excesiva de una serie de bacterias (generalmente, estafilococos), cuya presencia en la piel no causa problemas en condiciones normales.

Entre los síntomas más habituales se encuentran el enrojecimiento de la conjuntiva y/o del borde palpebral, irritación en los párpados o cansancio ocular. En los casos de mayor gravedad, la aparición de blefaritis puede llegar a afectar negativamente a la visión.

Algunas de las complicaciones oculares derivadas de la blefaritis son los orzuelos y los chalaziones.

OCULOPLASTIA

BOLSAS EN LOS PÁRPADOS

Se originan por una acumulación de grasa desplazada en el párpado inferior. Este tipo de defectos estéticos asociados al envejecimiento natural de la piel pueden corregirse mediante un tratamiento quirúrgico llamado blefaroplastia, que permite mejorar el aspecto estético del paciente, rejuveneciendo su mirada.

OCULOPLASTIA

CONJUNTIVITIS

La conjuntivitis es la inflamación de la conjuntiva, una membrana transparente que recubre la esclera (parte blanca del ojo) y que contiene pequeños vasos sanguíneos. Cuando estos vasos se inflaman, el ojo adquiere un aspecto enrojecido. Suele evolucionar favorablemente, a menos que no se trate de la forma adecuada.

La causa de la conjuntivitis puede ser una infección bacteriana o vírica, una reacción alérgica por exposición a un agente (alérgenos) que induce hipersensibilidad en algunas personas o, también, una irritación del borde del párpado (blefaritis) a consecuencia del uso de cosméticos o del contacto con sustancias irritantes del ambiente. Cada una de estas causas da lugar a diferentes tipos de conjuntivitis: conjuntivitis infecciosa, conjuntivitis alérgica, conjuntivitis irritativa

Los síntomas de la conjuntivitis son muy visibles y característicos, como el enrojecimiento ocular, picor (predomina en la conjuntivitis alérgica), lagrimeo, secreciones y párpados pegados (especialmente en la conjuntivitis bacteriana). En menor medida, cuando la conjuntivitis cursa con complicaciones, puede producir sensación de cuerpo extraño dentro del ojo, mayor sensibilidad a la luz y una inflamación significativa de los párpados.

Superficie ocular

DACRIOCISTITIS

Es la inflamación del saco lagrimal, generalmente a consecuencia de un proceso infeccioso de tipo agudo o crónico, que provoca la obstrucción del conducto lácrimo-nasal. Otras causas de esta patología son, aunque en menor medida, la existencia de traumatismo nasal, pólipos nasales o cirugía nasal previa. La dacriocistitis consiste en que las lágrimas se acumulan en el saco lagrimal, ya que no se drenan correctamente, y se acaban derramando hacia la parte externa del ojo.

Entre los síntomas más frecuentes cabe destacar lagrimeo constante (epífora), enrojecimiento a causa de la inflamación, edema doloroso en la parte interna del párpado inferior, es decir, en la zona del saco lagrimal que presenta hinchazón con acumulación de líquido, y conjuntivitis. En ocasiones, también pueden producirse secreciones a través del punto lagrimal y fiebre.

La dacriocistitis puede afectar a niños recién nacidos debido a la obstrucción congénita del conducto lagrimal, lo que dificulta o impide el drenaje de las lágrimas.

Cuando se manifiesta de forma repentina y aguda, el paciente padece una inflamación bastante dolorosa que conviene tratar de forma urgente para evitar posibles complicaciones. Por el contrario, cuando la infección es crónica, presenta síntomas más leves pero recurrentes.

OCULOPLASTIA

DESPRENDIMIENTO DE RETINA

El desprendimiento de retina se produce cuando ésta se separa del tejido al que está adherida (epitelio pigmentario) y que le sirve de soporte, aunque solo sea una porción de toda su extensión. Esta separación puede originar desgarros o agujeros retinianos, a través de los cuales, el gel vítreo va filtrándose progresivamente y puede acabar desprendiendo la retina por completo.

Cuando esto ocurre, el área afectada deja de funcionar correctamente y genera una pérdida de visión brusca. A fin de impedir que el daño sufrido produzca una atrofia de la retina, inflamación ocular crónica, o incluso, cause una severa limitación visual que resulte irreversible, esta afección debe ser considerada como una urgencia médica y su oftalmólogo debe atenderla de manera inmediata.

Algunos de los factores de riesgo que pueden desencadenar un desprendimiento de retina son la predisposición familiar/personal a tener una retina débil, la miopía (altas graduaciones) y la diabetes (complicación asociada a la retinopatía diabética avanzada). Sin embargo, en personas sanas, también puede suceder como consecuencia de traumatismos oculares.

El desprendimiento de retina no causa dolor y sus síntomas son siempre visuales.

Como consecuencia del funcionamiento inadecuado de la porción de retina que se ha desprendido, en una fase inicial, que es cuando se produce el desgarro, el primer síntoma apreciable que sentirá el paciente es la aparición brusca e intensa de moscas volantes o manchas oscuras que cambian de posición al mover el ojo.

Se trata de sombras que se proyectan en la retina, debido a que el gel vítreo se está filtrando a través de los primeros desgarros. La aparición en la visión de estas manchas no comporta necesariamente ningún problema, pero si ocurre de forma llamativa, es de vital importancia realizar una valoración oftalmológica de inmediato para determinar sus causas y descartar un posible caso de desgarro o agujero en la retina.

A medida que el desprendimiento de retina progrese, el paciente apreciará destellos luminosos, distorsión de las imágenes, así como un velo o tela negra que cubre una zona de su campo visual, limitando su visión periférica. En caso de padecer estos síntomas, deberá realizar una consulta urgente con el oftalmólogo.

UNIDAD DE RETINA

DESPRENDIMIENTO DE VÍTREO POSTERIOR

Es un proceso fisiológico relacionado con el envejecimiento del ojo que ocurre cuando el humor vítreo, que es el gel transparente que rellena el globo ocular, modifica su consistencia de modo que unas zonas se licuan y otras se condensan. Con el paso del tiempo, el vítreo se va degradando de forma natural, ocasionando que la hialoides, membrana que lo envuelve, se separe de forma espontánea de sus puntos de fijación en la retina.

Entre las causas que pueden ocasionar la aparición de un desprendimiento de vítreo posterior, además de la edad avanzada (es más frecuente alrededor de los 60 años), se encuentran la miopía elevada, traumatismos o procesos inflamatorios oculares.

Los síntomas más frecuentes cuando se desprende el vítreo son la visión repentina de multitud de manchas oscuras que el paciente percibe en forma de telaraña o red y que se desplazan de un lugar a otro acompañando el movimiento de los ojos.

Hay pacientes que también describen la aparición de destellos de luz (fotopsias) a un lado del campo visual, principalmente de noche o en condiciones de baja luminosidad, así como cierta disminución visual.

A diferencia del desprendimiento de vítreo, el paciente que padece moscas volantes (miodesopsias) debe saber que el principal síntoma para identificarlas es la visión de pequeñas manchas flotantes, translúcidas, que se manifiestan desde hace tiempo sin sufrir ningún cambio en su forma de presentación. Siempre que se detecten a tiempo, no constituyen una urgencia.

No obstante, si el paciente nota un aumento repentino en el tamaño y cantidad de cuerpos flotantes que puede ir acompañado de la aparición de destellos luminosos, conviene que acuda al oftalmólogo para una valoración que descarte un desprendimiento de retina o lesiones similares.

Aunque el desprendimiento de vítreo suele transcurrir habitualmente sin incidencias, excepcionalmente puede suceder que, cuando la hialoides se separa de la retina, cause un desgarro con un sangrado leve (hemorragia vítrea), e incluso, evolucione hasta un desprendimiento de retina.

UNIDAD DE RETINA

ECTROPIÓN Y ENTROPIÓN

El ectropión consiste en la rotación del párpado inferior hacia afuera, alejándose del globo ocular, cuyas consecuencias son similares a la del entropión (lagrimeo constante, acción irritante y escozor en la superficie ocular, etc.)

El entropión es la inversión del párpado inferior hacia adentro, es decir, hacia el globo ocular, de modo que las pestañas contactan con la córnea. Este contacto continuado provoca irritación y escozor ocular muy molestos para el paciente, excesiva producción de lágrimas, e incluso, puede ocasionar lesiones más graves como erosiones o úlceras.

OCULOPLASTIA

EDEMA MACULAR

El edema macular es una inflamación de retina a nivel de la mácula, que es la parte responsable de la visión central y detallada. Esta complicación se debe a la irritación de los vasos sanguíneos que irrigan la retina y que ocasiona escapes de líquidos. A consecuencia de estas fugas se produce una acumulación de fluidos en la mácula que altera su correcta funcionalidad. El resultado de esta complicación es una pérdida de visión leve o severa, si bien la visión periférica se mantiene en muchos casos.

Aunque las causas del edema macular pueden ser múltiples, el riesgo de desarrollarlo suele estar asociado principalmente a complicaciones de patologías oculares como retinopatía diabética, Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE), trombosis venosa (obstrucción en las venas de la retina) o uveitis. Ocasionalmente, puede ser consecuencia de un procedimiento de cirugía ocular.

Cuando el edema macular se desarrolla puede mostrar síntomas en la visión central, como visión borrosa, visión distorsionada de las líneas rectas y sensación de oscurecimiento de las imágenes en el centro del campo visual.

UNIDAD DE RETINA

HIPERMETROPÍA

La hipermetropía es un defecto de la refracción que provoca una visión borrosa e incómoda de objetos próximos (y, en ocasiones, también de lejanos). Al contrario de la miopía, las imágenes se enfocan por detrás de la retina y no, directamente sobre ella.

Las personas que padecen hipermetropía se caracterizan por alteraciones en las diferentes estructuras del ojo como su curvatura corneal, la potencia óptica de su cristalino (escasa potencia) o el tamaño de su globo ocular (longitud menor de lo normal). 

Al igual que la miopía, la hipermetropía tiene un importante componente hereditario. 

El principal síntoma de la hipermetropía es una mala visión de cerca. Si la hipermetropía es baja, el paciente verá bien de lejos, aunque su esfuerzo de enfoque o acomodación será mayor. Esto puede provocar otros síntomas como dolor de cabeza y fatiga visual.

En muchos casos, no se notan sus efectos hasta que, a partir de los 40 años, la capacidad de acomodación se va reduciendo.

CIRUGÍA REFRACTIVA

MEMBRANA EPIRRETINIANA MACULAR (MER)

La membrana epirretiniana (MER) es la proliferación de tejido fibroso que crece en la superficie macular, formando una especie de malla que altera su funcionalidad. Cuando esta membrana que se encuentra adherida a la retina se contrae, induce un determinado grado de distorsión en la misma.

Generalmente, la membrana epirretiniana se desarrolla a consecuencia de un desprendimiento de vítreo posterior. Con los años, el humor vítreo puede separarse de la retina, permitiendo el paso de células a través de ella, lo que estimula la aparición de este tejido.

Otras causas menos frecuentes son inflamaciones intraoculares, desprendimiento de retina o traumatismos oculares severos.

Estas membranas son más habituales a partir de los 50 años, pero pueden aparecer a cualquier edad. 

Esta patología suele ser asintomática cuando se encuentra en una fase incipiente o los síntomas pueden ser muy sutiles. De hecho, muchas personas que tienen membrana epirretiniana macular no lo saben.

Sin embargo, en algunos pacientes, a veces se produce una contracción de la membrana que arruga la zona retiniana a la que se encuentra adherida, disminuyendo su visión central. A medida que la membrana progresa, la sintomatología que se presenta es diversa: visión borrosa, deformación de los objetos (metamorfopsia), aparición de una mancha en la visión central, destellos luminosos (fotopsia), entre otras manifestaciones.

En caso de presentarse alguno de los síntomas descritos, es muy importante acudir al oftalmólogo para una revisión del fondo de ojo que le permita determinar el grado de opacidad de la membrana epirretiniana, así como de distorsión que está provocando en la retina.

UNIDAD DE RETINA

MIOPÍA

La miopía es un defecto de la refracción que se manifiesta cuando los objetos lejanos se proyectan en un punto por delante de la retina, en lugar de hacerlo sobre ella. Como consecuencia, se produce una percepción distorsionada de la imagen y, por tanto, la visión resulta borrosa y poco definida.

Las personas que padecen miopía se caracterizan por alteraciones en las diferentes estructuras del ojo como su curvatura corneal, la potencia óptica de su cristalino (excesiva potencia) o el tamaño de su globo ocular (excesiva longitud).

La miopía es el defecto visual más común entre las personas menores de 45 años y puede presentarse asociada a otros defectos refractivos, como el astigmatismo (astigmatismo miópico) y la presbicia o vista cansada.

El principal síntoma del paciente con miopía es que tiene una mala visión de lejos y, sin embargo, una óptima visión de cerca. Otros síntomas que puede sufrir son fatiga visual, dolor de cabeza, dificultad para concentrarse, sequedad/picor permanente de los ojos, etc.

CIRUGÍA REFRACTIVA

OBSTRUCCIÓN DE LA VÍA LAGRIMAL

Es la afección más frecuente de esta zona del ojo y puede ser congénita (desde el nacimiento) o desarrollarse durante la edad adulta.

Las vías lagrimales constan de varias partes anatómicas. El punto lagrimal, donde se inician, los canículos superior e inferior, también conocidos como conductos lagrimales (canalizan la lágrima hacia el saco lagrimal), el saco lagrimal, cuyo papel es fundamental en el sistema de drenaje de la lágrima, y el conducto nasolagrimal (conducto que va del saco lagrimal a la nariz).

La obstrucción de la vía lagrimal se manifiesta mediante la dificultad de la eliminación de la lágrima, cuyas funciones de protección, hidratación y lubricación del globo ocular resultan imprescindibles en el sistema visual. Esta dificultad es debida a la alteración en su sistema de drenaje natural.

Los principales síntomas derivados de esta patología son un lagrimeo constante (epífora), que puede resultar bastante molesto e incómodo para el paciente en función de la cantidad de lágrima que produzca y del grado de obstrucción de la vía lagrimal (parcial o total), secreción (legañas), enrojecimiento ocular e, incluso, infecciones en el saco lagrimal (dacriocistitis).

OCULOPLASTIA

OCLUSIONES VENOSAS O ARTERIALES DE LA RETINA

Son obstrucciones totales o parciales de los vasos sanguíneos de la retina que dificultan el flujo de la sangre a través de ellos. Según la localización de estas obstrucciones, se pueden diferenciar dos tipos: oclusiones en la vena central y oclusiones en la rama venosa, que es la zona donde se cruzan arterias y venas.

En el caso de las oclusiones venosas, el retorno venoso se ve interrumpido y se acaba originando un encharcamiento de la zona retiniana. Este tipo de obstrucción suele deberse a la presencia de un trombo, por lo que cualquier enfermedad que favorezca la formación de trombos puede contribuir a esta patología ocular.

En el caso de las oclusiones arteriales, la principal consecuencia es la falta de riego sanguíneo del tejido de la retina, que deja de recibir un aporte adecuado de nutrientes, especialmente de oxígeno, lo que puede conllevar un infarto (isquemia). Es importante tener en cuenta que, a veces, la obstrucción arterial viene provocada por un trombo que procede de otra parte del organismo.

La diabetes, la hipertensión, el colesterol y el consumo de tabaco, así como las enfermedades cardiovasculares que favorezcan la formación de trombos, constituyen los principales factores de riesgo de estos accidentes cardiovasculares.

La oclusión venosa de la retina representa la afección vascular más frecuente que causa pérdida de visión después de la retinopatía diabética. Ocurre en la edad adulta y suele afectar a hombres y mujeres por igual.

Las obstrucciones venosas y arteriales en la retina provocan una disminución o pérdida visual repentina e indolora. Según la zona de la retina en la que se localizan, esta patología puede cursar asintomática para el paciente.

El grado de afectación de la visión dependerá de si se trata de una oclusión venosa o arterial. En este último caso, las obstrucciones provocan un infarto del tejido y, por tanto, una pérdida irreversible.

Otro factor determinante es el calibre del vaso obstruido. La alteración visual que puede sufrir el paciente difiere notablemente cuando la obstrucción se localiza en la vena central o en un vaso periférico.

Por último, si la zona central de la retina (la mácula) se ve implicada en esta complicación vascular, la pérdida visual será todavía mayor, aunque se trate de una oclusión arterial o venosa leve.

Si bien esta sintomatología es casi imperceptible en una fase muy inicial, en un corto plazo de tiempo puede agravarse y llegar a ser irreversible. Por este motivo, es fundamental identificar y gestionar eventuales complicaciones cuanto antes.

La aparición de estos síntomas debe conducir al paciente a solicitar cita con el especialista en retina a la mayor brevedad posible. La realización de un examen completo le permitirá diagnosticar si existe una obstrucción de arteria o de vena, valorar el alcance del daño en la retina y determinar el tratamiento a seguir.

UNIDAD DE RETINA

OJO SECO

El Síndrome del Ojo Seco es una patología que afecta a la córnea y la conjuntiva por la falta de lágrima o por la mala calidad de ésta, lo que impide la correcta protección de la superficie ocular.

El avance de la edad, los cambios hormonales o el exceso de tiempo frente a las pantallas son algunas de las causas que propician su aparición. Su prevalencia aumenta con la edad y es más frecuente en mujeres.

Algunos de los factores que pueden propiciar su aparición son:

  • Menor secreción de lágrimas a consecuencia de la edad.
  • Cambios hormonales en mujeres.
  • Uso de lentes de contacto.
  • Consumo de determinados medicamentos como antihistamínicos o ansiolíticos.
  • Otras afecciones oculares como conjuntivitis o queratitis vírica.
  • Exposición continuada a dispositivos electrónicos, que reduce el número de parpadeos por minuto e impide la correcta lubricación del ojo.

Los síntomas pueden ser muy molestos para los pacientes, llegando a interferir en sus actividades cotidianas. Estos síntomas varían, aunque los más frecuentes son irritación y escozor, enrojecimiento, sensación de cuerpo extraño o “arenilla”, visión borrosa, etc.

El ojo seco puede provocar problemas más graves como queratitis o úlceras en la córnea.

SUPERFICIE OCULAR

ORBITOPATÍA TIROIDEA

Se trata de un trastorno autoinmune que afecta en distinto grado a los tejidos de la órbita ocular, que es la cavidad ósea en la cual se inserta el ojo y que va asociado a una disfunción de la glándula tiroidea, fundamentalmente, el hipertiroidismo, aunque no siempre.

Esta enfermedad se caracteriza porque el sistema inmune actúa contra tejidos blandos de la órbita y de la región periorbitaria, como son los músculos extraoculares, los párpados o la grasa localizada detrás del ojo, provocando la inflamación de dichas estructuras.

Inicialmente, los síntomas son leves e incluyen sequedad, enrojecimiento ocular, sensación de presión alrededor del globo ocular y pesadez de los párpados. Sin embargo, a medida que evoluciona la inflamación, el paciente puede presentar una retracción del párpado (retracción palpebral), apertura exagerada y desplazada del ojo hacia afuera (exoftalmos o enfermedad de los ojos saltones), alteraciones en la visión como visión doble permanente (diplopia) o estrabismo, e incluso, pérdida de agudeza visual por la compresión del nervio óptico.

OCULOPLASTIA

ORZUELOS Y CHALAZIONES

Son dos tipos de trastorno en el párpado, muy frecuentes en cualquier grupo de edad, que a menudo se confunden ya que tienen un aspecto similar. No obstante, su origen y manera de abordarlos son diferentes.

Orzuelos

El orzuelo es un abultamiento pequeño, enrojecido, que suele cursar con dolor y que crece en la base de la pestaña (orzuelo externo) o en el interior del párpado (orzuelo interno). Las personas con piel grasa (dermatitis seborreica) u otras enfermedades de la piel como acné, psoriasis o rosácea presentan una mayor predisposición a padecerlo.

La aparición de ambos tipos de orzuelos tiene origen infeccioso en la mayoría de los casos, bien del folículo piloso de la pestaña, cuando se trata de un orzuelo externo, bien de la glándula productora de grasa del párpado (glándula de Zeiss), en los orzuelos internos. A pesar de tratarse de una infección aguda, generalmente no comporta ningún riesgo grave para la visión.

El estrés, los cambios hormonales o la blefaritis son algunas de las condiciones previas que pueden desencadenar este tipo de afecciones visuales.

Chalaziones

El chalazión es una lesión inflamatoria similar a un quiste, de consistencia dura, que aparece en el párpado superior o inferior a consecuencia de la obstrucción de las glándulas de Meibomio, que son unas glándulas sebáceas que se encuentran dentro de los párpados. A diferencia del orzuelo, su origen no es infeccioso y normalmente resulta indoloro al tacto.

No obstante, en casos muy concretos, un chalazión de gran tamaño en el párpado superior puede causar visión borrosa y astigmatismo, debido a la presión que ejerce sobre el globo ocular.

OCULOPLASTIA

PRESBICIA O VISTA CANSADA

La presbicia, más conocida como vista cansada, es la disminución progresiva de la capacidad de enfoque del cristalino, una estructura que funciona de manera similar al zoom de una cámara de fotos.

El ojo normal, en reposo, está adaptado para la visión lejana. Cuando se requiere la visión de objetos próximos, el ojo debe cambiar de foco, realizando un esfuerzo conocido con el nombre de acomodación. Este esfuerzo de acomodación lo realiza el cristalino, que es la lente natural del ojo humano.

A medida que envejecemos, nuestra calidad de visión empeora con la edad. Habitualmente, entre los 40 y 45 años, el cristalino va perdiendo su elasticidad, se vuelve más rígido, y los músculos y ligamentos que lo controlan se debilitan. Ello dificulta tareas cotidianas como leer o usar el móvil e, inevitablemente, provoca la aparición de la presbicia o vista cansada.

La evolución y progresión de la presbicia varía, desde su inicio en torno a los 40 años hasta, aproximadamente, los 60, momento en el cual la presbicia suele estabilizarse.

Se estima que el 81% de la población española de más de 45 años y el 98% de los mayores de 65 años padece presbicia. La incidencia de esta afección va en aumento debido al progresivo envejecimiento de la población, el incremento de la esperanza de vida, la mejora de las condiciones sanitarias, así como al uso intensivo de dispositivos electrónicos que genera un sobreesfuerzo ocular.

El síntoma principal de la presbicia es la mala visión de cerca, que se manifiesta mediante la dificultad para enfocar objetos que se encuentran a escasa distancia, habitualmente, menos de un metro, o para realizar tareas de precisión. Para compensarla, los pacientes con presbicia tienden a alejar de forma intuitiva dichos objetos a fin de obtener una imagen más nítida.

De no ser corregida esta afección visual adecuadamente, puede derivar en fatiga visual, enrojecimiento, escozor y pesadez ocular, dolor de cabeza, etc.

En caso de aparición de los síntomas previamente mencionados, es recomendable acudir a su oftalmólogo habitual para someterse a una exploración completa.

PRESBICIA

PTERIGION y PINGUÉCULA

Se trata de crecimientos anormales de tejido en la superficie ocular por efecto de los rayos ultravioleta (UVB). Tienen forma triangular y se extienden desde la conjuntiva hasta la córnea. Pueden causar irritación, sensación de cuerpo extraño e, incluso, llegar a impedir la visión. En el caso del pterigion, la intervención quirúrgica suele estar indicada, a diferencia de la pinguécula, una variante menor de esta patología.

OCULOPLASTIA

PTOSIS PALPEBRAL O PÁRPADOS CAÍDOS

Es la caída del párpado superior que cubre parcial o totalmente el ojo. Esta alteración de su posición normal provoca un efecto antiestético de cansancio o sueño, a veces muy pronunciado, y también puede afectar el campo visual, llegando a interferir seriamente en la visión del paciente.

OCULOPLASTIAPTOSIS PALPEBRAL INFANTIL

QUERATOCONO

El queratocono es una de las enfermedades degenerativas de la córnea más comunes que origina el adelgazamiento y deformación del tejido corneal de forma lenta y progresiva. A medida que evoluciona la pérdida de espesor corneal, la córnea se desplaza hacia afuera y modifica su estructura normal, adoptando una forma cónica anómala. Esto causa una distorsión de la visión, hasta el punto de dificultar actividades cotidianas como conducir, escribir, leer o ver la televisión.

Esta afección se puede desarrollar en un solo ojo, aunque con frecuencia afecta a ambos. Suele detectarse en la adolescencia y tiende a progresar hasta estabilizarse alrededor de los 40 años. Las causas que determinan su aparición son bastante desconocidas, si bien es cierto que, en algunos casos, parece estar relacionada con factores genéticos. También parece constatarse la influencia de hábitos como frotarse los ojos con insistencia.

El queratocono se suele manifestar mediante diferentes síntomas como disminución y borrosidad de la visión, visión doble, aparición o evolución repentina de defectos refractivos asociados (miopía y astigmatismo), hipersensibilidad a la luz y deslumbramientos. Cuando se encuentra en un estadio muy avanzado, sus signos pueden percibirse con claridad en la exploración oftalmológica.

SUPERFICIE OCULAR

QUERATITIS

La queratitis es una inflamación de la capa externa de la córnea, una estructura que recubre la zona frontal del ojo y que forma parte de la superficie ocular. Al igual que el cristalino, se caracteriza por su transparencia y porque forma parte del sistema de enfoque ocular.

Con frecuencia, la queratitis afecta solamente al epitelio corneal, que es la parte exterior de la córnea, y suele curarse sin mayores complicaciones. Por el contrario, los casos en los que resultan dañadas las capas más profundas revisten mayor gravedad, si bien su incidencia es menor.

El origen de la queratitis es múltiple. Entre las causas más frecuentes se encuentran la sequedad ocular (el síndrome del ojo seco puede provocar lesiones superficiales en la córnea), las infecciones víricas (queratitis herpéticas y queratoconjuntivitis) o las infecciones bacterianas (queratitis bacteriana). Estas últimas, debido a su potencial gravedad (pueden evolucionar de forma muy agresiva), precisan un diagnóstico rápido.

Otros factores que influyen en la queratitis son las sustancias irritantes y/o tóxicas que entran en contacto con el ojo, los procesos alérgicos o el cierre anómalo de los párpados, que da lugar a una queratitis por exposición.

La queratitis provoca dolor, lagrimeo y fotofobia intensa en el paciente. Según la zona afectada, también puede causar una disminución importante de la agudeza visual.

SUPERFICIE OCULAR

RETINOSIS PIGMENTARIA

Es la enfermedad hereditaria más frecuente de la retina. Consiste en la degeneración progresiva de las células sensibles a la luz (fotorreceptores), que produce una disminución gradual de la visión. En fases avanzadas, puede llegar a causar ceguera.

Hay dos tipos de células fotorreceptoras que se pueden ver afectadas en la retinosis pigmentaria: las células de la visión periférica (bastones) y las células de la visión central (conos).

Los bastones, que se encuentran en la zona periférica de la retina, se activan cuando la intensidad de la luz es baja y, por ello, se utilizan para la visión nocturna. Por el contrario, los conos se concentran en la zona central de la retina o mácula y se estimulan cuando la intensidad de la luz es alta. Estas células otorgan mayor agudeza visual y permiten ver en color.

Aunque la retinosis pigmentaria tiene un origen genético, en la mitad de los casos puede aparecer de manera esporádica sin que el paciente presente ningún antecedente familiar.

La retinosis pigmentaria aparece de manera silenciosa y causa una pérdida lenta pero progresiva de la agudeza visual.

Los síntomas iniciales de la enfermedad a los que conviene prestar atención son la disminución de la visión nocturna y la reducción progresiva del campo visual, que empieza afectando solo a la visión periférica.

Por un lado, la pérdida de visión nocturna se manifiesta mediante la mala visión en ambientes con baja iluminación y la falta de capacidad para adaptarse a los cambios de ambiente (luz-oscuridad).

Por otro, la disminución del campo visual supone que el paciente empieza perdiendo la visión periférica (visión lateral), aunque conserva la visión central.

A medida que la enfermedad avanza con el paso de los años, los síntomas se agravan y, es entonces, cuando la percepción de los colores empieza a verse alterada, aparecen los deslumbramientos (fotopsias) y la visión en túnel, debido a que la visión central también ha quedado afectada.

Una vez comienzan los síntomas, la retinosis pigmentaria seguirá progresando de forma más o menos rápida, si bien el desarrollo de la enfermedad no afecta a todos por igual, incluso dentro de una misma familia. Su pronóstico puede variar mucho de una persona a otra, ya que depende de los genes afectados, las mutaciones, la forma de herencia y de la edad de presentación. De ahí la dificultad para predecir la evolución de esta patología.

Preferentemente, esta enfermedad se presenta entre los 25 y 40. No obstante, en menor frecuencia, pueden darse casos de afectados con menos de 20 años y más de 50.

UNIDAD DE RETINA

TRATAMIENTO DE ARRUGAS: BOTOX

El contorno de los ojos es la zona más delicada del rostro y, al igual que el resto del cuerpo, también sufre los efectos del envejecimiento natural. La pérdida de firmeza y elasticidad de la piel de la región periocular se manifiesta mediante la aparición de las “patas de gallo” y de las arrugas en el entrecejo y la frente.

Además del inevitable paso del tiempo, la herencia genética, los malos hábitos alimenticios, el estrés o la falta de un descanso adecuado son algunos de los factores que pueden acelerar su presencia.

Para eliminar de manera satisfactoria las arrugas que se manifiestan en la mitad superior de la cara por la gesticulación y lucir un aspecto más rejuvenecido sin necesidad de cirugía, se puede recurrir al tratamiento con Botox® (toxina botulínica). Este tratamiento estético permite al paciente recuperar una piel tonificada y tersa, revitalizando la expresión de su rostro.

OCULOPLASTIA

ÚLCERA CORNEAL

Una úlcera corneal es una herida abierta en la córnea que, con frecuencia, resulta de una infección ocular, aunque también puede ser causada por una sequedad ocular severa, entre otros factores. Las úlceras corneales pueden dañar de manera agresiva y permanente la visión y, si no se tratan, pueden llegar a provocar ceguera.

Cuando se produce una pérdida de tejido, se habla de lesión corneal.

Los síntomas de una úlcera corneal incluyen enrojecimiento, dolor intenso e inflamación, sensación de cuerpo extraño, lagrimeo, secreciones, visión borrosa, sensibilidad a la luz, hinchazón de los párpados, así como una mancha blanca en la córnea que puede ser visible o no.

Las personas que corren un mayor riesgo de sufrir úlceras corneales son aquellas que llevan lentes de contacto, sufren de sequedad ocular, trastornos en el funcionamiento de los párpados, o que tienen lesiones previas en la córnea, principalmente.

SUPERFICIE OCULAR

XANTELASMAS

Los xantelasmas son pequeñas lesiones benignas que acumulan sustancias grasas en su interior y que crecen alrededor de los párpados, cerca del lagrimal. Estos depósitos de aspecto amarillento son más frecuentes en personas adultas con trastornos metabólicos como la hipercolesterolemia, la diabetes y la cirrosis biliar, aunque también pueden aparecer sin estar relacionados con ninguna enfermedad.

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