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El tabaco es una sustancia perjudicial que puede provocar daños irreversibles en nuestro organismo y también en nuestra salud visual. En España, su consumo alcanza cerca del 30% de la población adulta, provocando unas 60.000 muertes al año

El humo que desprende el cigarrillo contiene infinidad de componentes químicos, muchas de ellos tóxicos, que pueden comprometer seriamente la salud. Desde cualquier punto de vista, se le considera un factor de riesgo en el desarrollo de numerosas afecciones, incluidas las visuales. Algunas de los problemas oculares que puede causar son ojo seco, pequeñas úlceras o conjuntivitis.

Tanto los fumadores activos como los pasivos corren el mismo riego de que el tabaco dañe nuestros ojos a corto plazo. A largo plazo su consumo puede dar lugar a Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE) y cataratas y provocar pérdida de visión.

¿Cómo afecta el tabaco a la aparición de DMAE y cataratas?
El tabaco causa una  disminución del riego sanguíneo. Ello tiene un efecto devastador en la retina, ya que multiplica por cinco el riesgo de contraer DMAE. En este sentido, la carencia de oxígeno en la sangre que riega nuestros ojos produce una pérdida de agudeza visual.

En cuanto a las cataratas (que se producen cuando el cristalino se vuelve opaco con el paso de la edad), el tabaquismo aumenta un 40% las probabilidades de padecerlas de manera prematura.

En cualquier caso, está en nuestra mano tratar de erradicar este hábito y llevar una vida lo más saludable posible. No hay que olvidar que el tabaquismo es la causa de mortalidad más prevenible en el mundo. Depende de nosotros.

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